La muerte

La muerte es sólo una apariencia. Es un puente en el mundo de la manifestación.

"- Mi trabajo como facilitadora, cuando una persona acude a mi para trabajar "la muerte", es que abra su mente, y así cuando su momento le llegue pueda cruzar, dejar ir este mundo con una amplia visión de lo que le espera. Sin velos que nublen su vista, recordando a su familia de luz, de donde procede, quién le espera cuando cruza la línea volviendo de nuevo a la vida, a su verdadero hogar, sin miedos, sin angustias y sin pensar en lo que deja aquí. Cruzar sabiendo que todo es posible de nuevo y que el comienzo es único y parte de si mismo." Núria (coach espiritual).


Saber morir

Para nuestra mente la muerte es "el fin". Hay que aceptar que el cuerpo físico tiene y cumple un objetivo, y lo abandonamos cuando el trayecto ha sido recorrido. Lo contrario sería como subirse a un tren y no querer bajar del mismo aún habiendo llegado a destino por pena de "dejar ir" ese vehículo de transporte. Igualmente la mente tiene un objetivo, un principio y un fin, de ahí que identifique a la muerte como el paso sin retorno. Pero no debemos olvidar que la mente humana es incapaz de discernir la verdad de la falsedad.

Cuando encarnamos experimentamos una pérdida de memoria de lo que realmente somos. Esta pérdida de memoria es necesaria para poder seguir experimentando y creciendo espiritualmente sin estar limitados o atados a las experiencias de otras vidas o la sabiduría de nuestro ser superior.

Los recuerdos de lo que fuimos, lo que hicimos, lo que nos hicieron, suelen ser un obstáculo para esta nueva experiencia. Nuestra percepción de que no pertenecemos a este sitio, que nuestro hogar estás más allá de las estrellas suele ser un sentimiento agobiante, entristecedor y poco práctico.

No existe ningún manual del saber morir, porque no existe tampoco ninguno del saber vivir.

Las reglas que se autoimpone el ser humano para "preservar" la cohesión social, el ecosistema o para desarrollar cualquiera de sus actitudes, sirven temporalmente al cuerpo que habita, pero no le enseña a afrontar la muerte. Aunque esto no fue siempre así; hubo una época en que los humanos conocían y celebraban la muerte.

La muerte no es un ser maligno, aunque es cierto que hay cierta energía asociada a ese paso, incluso cierto olor (nada que ver con el olor a descomposición). Como en cada paso que damos, ya sea en el nacimiento, en los actos de la vida misma, en la muerte tampoco estamos solos.

Saber morir representa, ante todo perder el miedo a esta nueva etapa. Es poco probable que la mente reaccione con confianza ante lo desconocido. Aunque podemos afirmar que morir amablemente viene de la mano de tu capacidad de sentir la conexión con tu propia divinidad, esa que te acompaña diariamente, que está en tu interior, porque esa parte de ti no teme a la vida, y por descontado no teme a la muerte.


La atracción de la muerte

Paradójicamente la muerte es vista también, bajo cierta condiciones, como una atracción (el fin del sufrimiento) o como un acto final de venganza, el sacrificio heroico, o un acto extremo de autocompasión. Sin olvidar “el romance o el coqueteo de la muerte” por la que se celebra por su dramatismo intrínseco (leyendas, óperas, ..., como Romeo y Julieta), o la emoción de la muerte que impregna el coliseo romano (gladiadores, ...), el duelo, las carreras (representado en las cazadoras y tatuajes de los moteros) y los actos de guerra.

En el psicoanálisis la pulsión de la muerte ("Thanatos" en contraste con "Eros", el instinto de vida) está enterrada profundamente en el inconsciente primitivo de la humanidad desde donde ejerce una influencia potencial que puede ser reforzada por el adoctrinamiento (pilotos kamikazes, terroristas suicidas, culto del suicidio en masa).

Por lo tanto "el culto a la muerte" resulta glamuroso para las personas impresionables o ingenuos que se inducen a cometer el suicidio con o sin asesinato en masa de inocentes.

Por el otro lado, el suicidio suele ser un acto de desesperación, como consecuencia de la pérdida de la fe o de la esperanza. Curiosamente en la agonía extrema, nuestro alma puede suplicar: "Si hay un Dios, le pido ayuda", y es entonces cuando se produce una gran transformación. Esto vendría a confirmar la enseñanza zen: "el cielo y el infierno están justamente delante de tus ojos". Aunque la mente puede conducirnos a ese punto, incluso a la propia muerte física, en un intento por demostrar que la muerte es una realidad y que Dios no lo es.

Pérdidas importantes en la vida temprana pueden volvernos vulnerables a la aceptación pasiva de la pena, como si la tristeza fuera el precio de la vida. Parte del síndrome de la pérdida es el sentimiento de incapacidad para reemplazar lo perdido o lo que simboliza (el amor, ...). Las pérdidas emocionales pueden
entonces desencadenar en depresión grave o incluso la muerte.

Muchas personas desean ávidamente su muerte porque sus expectativas de lo que la vida les depara está muy lejos de lo mínimamente aceptable (según su propio juicio mental). En la mayor parte de estos casos la hora de la muerte no se acelera más sino porque en el proceso de salida se integra la orden que su cerebro envía al cuerpo físico para que se deteriore e inicie un camino de desarmonía funcional.


Miedo a la muerte

Desde el punto de vista evolutivo, la vida humana comienza con el niño ya experimentando miedo al ser separado del confort de la vida intrauterina, aunque ya desde su concepción el feto siente todo lo que siente su madre. El miedo sigue presente durante toda la vida y termina con el miedo a la muerte en sí, junto con el miedo a lo desconocido. En una vida normal, el miedo es mitigado gracias a innumerables maniobras defensivas y compensaciones, sin embargo, al acecho están siempre los temores de lo inexplicable, de lo que se escapa a nuestro entendimiento, y en su transfondo el miedo al sufrimiento y a la propia muerte.

Cuando algunas religiones plasmaron la idea del infierno como un lugar de sufrimiento eterno, estaban lógicamente usando el más básico de nuestros miedos.

La muerte representa una transformación interior, sinónimo de disolución de viejas ataduras, un proceso que normalmente se piensa (mental) transitar con dolor porque así se asocia con la destruccin y la pérdida de los vínculos terrenales. Romper los lazos sería el primer paso, que es cuanto más difícil dependiendo del apego a lo que dejamos atrás. Por tanto más difícil de aceptar la muerte. Pero el propio proceso sugiere un resurgir, un alzar el vuelo (del fénix) desde tus propias cenizas, libre y sin impurezas.

La muerte es lo que permite renovar el vehículo de experimentación y que permite la evolucin de cada ser hacia una mayor capacidad de amar, de sentir y de saber, hacia mayores cotas de felicidad, ... porque lo que muere es slo el vehculo que utiliza el ser para manifestarse en el plano fsico, es decir, su cuerpo fsico. Su esencia, su conciencia, contina existiendo.

El miedo a la muerte es entonces un pretexto para no asumir nuestros propios errores, a asumir que perderemos el control del proceso, a asumir que debemos "abandonar" a nuestros seres queridos a su propia experiencia con sus propios recursos, habilidades y defectos. Y curiosamente, las experiencias "próximas a la muerte" eliminan todo temor a la muerte.


El proceso

Tenemos que estar preparados para la muerte en cualquier momento de nuestras vidas. Si ves por encima de tu hombro, la muerte te está siguiendo y desde que la viste la última vez está más cerca. Si eres consciente de tu propia mortalidad y del hecho de que la muerte está detrás de ti persiguiéndote, tu vida se va a convertir en algo muy mágico, porque entonces, vas a ser capaz de prestarle atención a lo que es verdaderamente importante en tu vida... como el amor... y reconoces que la vida física no es permanente, todo es perecedero y mientras más perecedero y más frágil, más bello y más valioso es. Mientras lo tienes ámalo y reconoce que va a llegar el momento de dejarlo partir, por lo tanto ni te apegues, ni te aferres; es como aguantar la respiración, si aguantas mucho tiempo te sofocas.

Cuando mueras pasará lo mismo que sucedió cada vez que moriste antes. Esta verdad está oculta, como debe ser. Los secretos no están realmente disponibles, como debe ser. Porque la prueba es que descubras quién eres.

Lo más cercano a una descripción del proceso de la muerte, es la descripción de las experiencias cercanas a la muerte (de las que hay una extensa literatura), y aunque hay ciertos patrones comunes, podemos llegar a decir que no hay dos experiencias similares.

Lo que sí es cierto que a menudo es sólo a través de la muerte que conseguimos desprogramarnos del enfoque de la limitación del tiempo y el espacio, de la dualidad y por tanto del velo del olvido.


Un facilitador

Varios estudios reflejan que los pacientes con enfermedades terminales que saben que van a morir, muestran una mayor disposición y aceptación cuando han tenido una vida feliz y plena. Saber que su fin está cerca no es para ellos un consuelo pero les da relativa ventaja para hacer una valoración de lo que ha sido su vida. Algo que no solemos hacer nosotros que desconocemos cuándo nuestro "tiempo" en la tierra va a expirar.

Los predicadores nos hablan sobre la angustia ante la muerte de los que no recibieron la extrema unción (aceite es signo de abundancia, alegría, purificación, curación, belleza, santidad y fuerza), y aunque es cierto que este sacramento está en notorio retroceso en el mundo, cabe mencionar que las últimas palabras del sacerdote vienen a ser "puedes morir en paz".

Un facilitador no utilizará nunca esa frase, porque morir no es un viaje de descanso, es el cierre de un paréntesis, dentro de un viaje de crecimiento espiritual (que no empieza ni acaba con la vida terrenal).

La tarea del facilitador es que la persona "viva en paz", si ella se lo permite a si misma, durante el resto del tiempo que tiene otorgado.

Muchas veces el paso al otro lado está enturbiado por las angustias acumuladas durante toda una vida, en la que no hemos llegado a conectar con nuestra divinidad. En la proximidad real o ficticia de la muerte, el ser humano puede experimentar más miedo aún de atravesar el velo o puede incluso enzarzarse en proyectar pensamientos o emociones totalmente deformados.

Los sistema de creencias (nuestra concepción del tiempo, lo que creemos que podemos o no tener, las leyes físicas, las leyes de la naturaleza, el destino, la programación genética, ...) son cinturones de seguridad muy útiles si queremos permanecer en un asiento en particular, pero son un incordio si quieres cambiar de tren repentinamente.

Es posible suavizar, y en el mejor de los casos limpiar, las identificaciones con tu actual base de realidad, no negándola (esta realidad) sino recordando tu compromiso con todas las "otras realidades".

Poema "cuando me haya ido"

Leer canalización sobre'El más allá'


La Muerte y la Mente (UCDM)

La muerte no existe. El cuerpo puede morir, pero el hijo de Dios fue creado a imagen y semejanza de su Padre, que es inmortal.

El ego mismo tiene su origen en un pensamiento demente e ilusorio de muerte. Para el ego el hijo de Dios está separado de su creador. Tal pensamiento representa no sólo un asesinato - la muerte de Dios - sino también un suicidio - la muerte de tu verdadero Ser.

La muerte es un pensamiento que adopta muchas formas, las cuales a menudo no se reconocen; puede manifestarse en forma de tristeza, miedo, ansiedad o duda; en forma de ira, falta de fe y desconfianza; preocupación por el cuerpo, envidia, así como en todas aquellas formas en las que el deseo de ser como no eres pueda venir a tentarte. Todos ésos pensamientos no son sino reflejos de la veneración que se le rinde a la muerte como salvadora y portadora de la liberación.

Todas las muertes son en realidad un suicidio. Nadie puede morir a menos que elija la muerte, nadie muere sin su propio consentimiento. Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos, ni se te niega nada de lo que eliges.



 


"- Yo veo al ser que hay en ti. Bienvenido a este espacio." Núria (coach espiritual)