El dolor

El dolor es siempre "mental": el cuerpo físico no conoce del dolor, hasta que la señal llega al cerebro; el dolor no forma parte de tus emociones hasta la mente traduce la realidad y la interpreta como sufrimiento; ...

El dolor físico

Según la algología (ciencia que estudia el dolor) el dolor es una manifestación de nuestro sistema nervioso, asociada a una lesión tisular real o ficticia, una señal de alerta originada en una terminación nerviosa (nociceptores) y transmitida sinópticamente hasta las neuronas de la médula. Los neurotransmisores que utiliza nuestro cuerpo son de dos tipos: neuropéptidos y glutamato (no deja de ser curioso que la industria alimentaria utilice el glutamato para solucionar sus problemas de sabor en los productos embasados).

Existen muchas enfermedades o traumas que se acompañan de dolor. Nosotros nos centraremos en el dolor como "patología", aunque realmente todo lo que será expuesto puede ser extrapolado en su justa medida (si, por ejemplo, el dolor se derivase de la rotura de un hueso, deberíamos preguntarnos por qué mi cuerpo decidió manifestar "una rotura" en vez de simplemente el dolor).

El dolor físico es para todo aquel que lo sufre, ya sea de forma leve o paroxística, un elemento bloqueante. Suele ser mal recibido y se le suele buscar una solución rápida, si no inmediata. "Nada peor que ver sufrir a un ser querido".

Existen todavía partidarios de la teoría de que el dolor es una forma de castigo divino o forma de pagar karma. Esta afirmación es totalmente falsa. Somos responsables de nuestra vida pero no culpables.

Para la MTC (medicina tradicional china) el dolor es sinónimo de bloqueo (del Qi o energía vital). Para la escuela de Biomagnetismo el dolor es una manifestación del cuerpo en un intento de comunicarnos que no deberíamos seguir por el "mismo camino".

Revisar la parte del cuerpo que te duele puede aportar pistas importante para tu camino vital.

Dejar atrás el dolor implica aceptar que necesitamos aplicar cambios en nuestra vida. Es un proceso de clarificación de nuestros valores y de cambiar nuestro comportamiento para reflejarlos. Cuando el cuerpo está quebrado, de repente, la vida llega a ser muy preciada y empezamos a cuidarnos mejor. Cuando nos sentimos aislados por el dolor, nos damos cuenta de lo que representa verdaderamente nuestra familia y amigos; y buscamos tiempo para ellos. Cuando no podemos trabajar, nos damos cuenta de dónde preferiríamos hacerlo. Incluso el dolor nos puede invitar a cuestionar nuestra mortalidad o la forma en que alimentamos nuestro espíritu, si esa alimentación viene de la naturaleza, el arte, el juego o la plegaria, aprendemos a buscar tiempo para ello.

El dolor puede aparecer como un susurro, pero puede llegar a paralizar a una persona. Lo que comúnmente se llama el efecto de "la paja que rompió el lomo del camello" no es otra cosa que una acumulación insana durante meses, incluso años, de los efectos de una vida desordenada, de una vida alejada de nuestros propios sueños o desconectada de nuestro interior.

En nuestra cultura de la aspirina es muy frecuente que busquemos una solución rápida al dolor, sin pararnos a reflexionar sobre el mensaje que nuestro cuerpo nos está enviando. En la literatura sobre el dolor abundan casos de remisión temporal que se siguen de una vuelta del dolor con más fuerza o intensidad.

Todos los que han pasado por episodios de dolor extremo parecen confirmar que el dolor es un mensaje de tu cuerpo que indica que todavía está dispuesto a luchar, a vivir, y por lo tanto el dolor se puede convertir en un valioso maestro, amigo y vehículo para la sanación.

En nuestra experiencia clínica vemos a menudo el efecto devastador del miedo al dolor provocado por el mismo dolor. La tensión emocional creada por el sufrimiento genera un círculo vicioso que retroalimenta el dolor y lo acentúa. Existen técnicas eficaces como la relajación profunda, respiración consciente, visualización y meditación, que con una práctica diaria de unos pocos minutos diarios han demostrado ser de gran utilidad para romper ese círculo: controlar el estrés, calmar los nervios, relajar el cuerpo y aliviar el dolor.


El foco mental

El dolor, que también solemos llamar sufrimiento, es en general el resultado de un desequilibrio de orden mental o emocional. Es una forma de angustia interna, vinculada a un sentimiento profundo de culpabilidad (odio hacia mi mismo), pena, ansiedad o preocupación. Y al sentirme culpable de haber hecho algo, de haber dicho algo o incluso de haber pensado algo, me castigo manifestando un dolor físico de intensidad variable.

Podrías preguntarte ¿Soy realmente culpable? ¿Y de qué? Los pensamientos son muy poderosos. Hay que mantener la mente muy abierta para identificar bien estas culpabilidades, para poder afrontarlas, porque son miedos que deberás integrar tarde o temprano si deseas sanar.

Nuestra mente puede perfectamente proyectar la culpabilidad hacia afuera (agresividad, críticas, posiciones políticas extremas, ...) para evitar sentirla en nuestro interior.

La culpa debería ser una emoción educativa que surge como una advertencia para no repetir siempre los mismos errores, pero si se transforma en un juicio a nosotros mismos (o hacia los demás) nos enfrascamos en un ciclo donde en algún momento el dolor aparecerá.

Podemos, por supuesto, reeducar nuestra mente hacia una visión más realista de la vida y hacia "la compensación de los errores" (y no el castigo), para que la vida sea más benigna y educativa.

En una infancia ideal, las figuras parentales no son ásperas y punitivas, sino amorosas, capaces de enseñar con disciplina, pedagogía y paciencia, equilibrados en el uso de la autoridad. La identificación que hacemos más tarde con nuestros padres será decisiva.

El miedo está involucrado en todos los procesos mentales que nos conducen al dolor. El dolor de cabeza, por ejemplo, aparece frecuentemente cuando nos obsesionados con alguna cosa o estamos inquietos.

Elegir conscientemente una orientación hacia tu divinidad, tu espiritualidad, y hacia la verdad provoca un cambio en tu identidad y así un aumento en tu confianza, coraje y dignidad personal. La entrega trae la paz y la liberación del dolor.

Tus sueños pueden guiarte.

Según los budistas el deseo contiene una carga emocional de obligatoriedad (que a su vez genera ansiedad e impulsividad). Pero esto sucede cuando tus deseos se convierten en "necesidades", porque la ansiedad respecto a la adquisición de fuentes externas de satisfacción incrementa el miedo a la pérdida.

No obstante, soñar te permite depositar tus deseos en las manos de tu Ser superior y olvidarte de cómo se llevarán a cabo, porque simplemente siendo tú mism@ alcanzarás tus sueños. A tu mente no le gusta perder el control del proceso y siempre tiene algo que opinar, pero tus sueños son Libres ...


El origen emocional

Cuando el dolor emocional llega a su intensidad más extrema nos sentimos avocados a la desesperación, nos parece que no somos merecederos de la alegría, nos sentimos solos y vacíos, como si la vida nos hubiese puesto al margen.

El dolor emocional está ligado a la ausencia de felicidad. Muchas personas sufren de dolor físico de corazón (el centro biológico de las emociones) por los sentimientos que les produce la falta de una pareja o el hecho de vivir con una persona que no les hace felices.

Algunas personas, sobre todo en fechas determinadas, se vuelcan en el sentimiento de pérdida de sus seres queridos, conectan emocionalmente con los ausentes, y entran en un ciclo de dolor.

La ausencia de felicidad tiene que ver con la identificación errónea de la fuente de la misma. Solemos estar desconectados de nuestro verdadero ser, solemos gestionar de forma deficiente nuestras emociones y/o solemos tener una pobre autoestima.

De nuevo, el dolor es una invitación a que cambiemos ciertas pautas de pensamiento, comportamientos o actitudes ante la vida.

Para empezar debemos saber que una emoción es energía que suplica ser escuchada.

Aunque normalmente estamos acostumbrados a suprimir y negar los sentimientos, si quieres, puedes literalmente sentir tus sentimientos en el área del corazón o los intestinos, con una respiración profunda, mente relajada, centrándote en tu cuerpo y preguntándote cómo te sientes. Escuchando tu cuerpo.

Acepta los sentimientos sin decirte a tí mismo cómo y qué debes sentir. Si estás enfadado, acepta que estás enfadado. Si estás triste, acepta que estás triste. Abandona la creencia de que sólo deberías sentir alegría o felicidad. Acepta que eres un ser humano, y que tus sentimientos (todos) forman parte de ti. Permítete sentir. Muchas veces reaccionamos como resortes porque no queremos afrontar una emoción. Sentir nos parece tan doloroso que preferimos actuar, da igual cómo, mientras me evite sentir, aunque esto nos traiga más y más problemas.

Una vez hayas identificado el sentimiento, busca una forma de aceptarlo. Recuerda que aceptación es sólo lo contrario de negación.

El siguiente paso es dejarlo ir. A veces es necesario expresar un sentimiento para poder dejarlo ir, busca entonces una forma que te resulte cómoda. Es mejor expresar el sentimiento que reprimirlo y luego acabar expresando el resultado del dolor. Piensa que incluso el enfado puede ser expresado de forma que no te dañe ni a ti ni a nadie más. Hay muchas formas saludables de expresar los sentimientos y así dejarlos ir. Sin apegos, y desde el corazón, es decir desde el amor... (si utilizas un sentimiento para alzar una bandera te estás apegando a ese sentimiento; por eso se dice que el perdón te vuelve libre).


Terapia de vida

Lo primero que hay que saber es que el dolor no dura para siempre, porque nada en la tierra dura para siempre. El dolor suele ser la columna de polvo que se levanta a lo lejos indicando que un carruaje llamado "enfermedad" está llegando a tu vida (sí, puedes dejarlo pasar).

Existen muchas terapias alternativas y técnicas médicas que pueden ayudar, pero aquí mencionaremos aquello que tú puedes hacer para mejorar tu estado e iniciar un camino que te permita decir adiós al dolor.

  •  Jugar
    Jugar es más un estado mental, una actitud, que una actividad específica. Se trata de hacer algo por el placer de divertirse. El beneficio más importante de jugar es que centra la mente en el presente. Cuando no piensas en los "errores" (el error es un concepto es muy mental) del pasado o no te preocupas por el futuro, puedes relajarte y disfrutar del momento. Son insospechados los cambios neurológicos que produce el estado de relajación (por ejemplo, el cerebro deja de emitir señales hacia los músculos y éstos se relajan).

    Aunque nuestra mente racional se mienta diciendo "Ya no estoy en edad", "Me siento ridículo", ...

    Mientras piensas en la cantidad de actividades de las que disfrutabas cuando eras niño, o aquellas que te encantaría realizar si tuvieras la oportunidad, céntrate en la actitud que hay detrás, más que en la propia actividad. Céntrate en el espíritu del juego. También es cierto que hay gente que no disfruta del juego porque quiere ganar a toda costa, pero ese es otro obstáculo mental que habrá que trabajar.

  •  Encontrar tiempo para tus aficiones, el placer de dedicarte un tiempo

    Aunque la mente racional piense que es "Perder el tiempo", "Lo puedo dejar para más tarde", ...

    Esto es tan importante para una persona que puede ser fuente inagotable de energía vital, inspiración renovadora y alegría.

  •  Tomarse unas vacaciones
    Las vacaciones son un tiempo de desconexión de esa maquinaria que nos retiene obsesionados con el mundo exterior. Las vacaciones son fundamentales para ayudar a aliviar el estrés y el exceso de presión que se acaba acumulando en tu sistema.

    Aunque la mente piense que "No me lo puedo permitir", "Puede esperar ", "Me necesitan", ...

    Algunas personas deciden dejar este plano de existencia cuando llegan las vacaciones. Llevan tanta tensión en sus cuerpos que cuando intentan relajarse su sistema reacciona abandonando el retén energético de forma generalizada. Estos casos son los que demuestran que el mundo puede pasar perfectamente sin ti (una vez tu cuerpo físico muerto la vida prosigue). Estar de vacaciones es un estado que debe permitirte desconectar.

  •  Escuchar música
    La música es un vehículo de transmisión de emociones, es vibración en estado puro. Energía para tus sistemas. Cuando escuchas tu música favorita, puedes evocar recuerdos agradables del pasado para liberar emociones, puedes producir imágenes mentales poderosas que reduzcan tu tensión mental.

    Aunque la mente racional diga "No estoy para flautas", "El tiempo es oro", ...

    El sonido te puede conectar con lugares a los que no puedes acceder mediante el intelecto.

  •  Hacer el amor
    Hacer el amor no es obligatoriamente tener un coito y tampoco es obligatoriamente hacerlo en pareja, es alcanzar un estado de placer sensual en el que te encuentras a ti mismo, en el que elevas tu frecuencia de forma conciente: elevas tu intimidad, tu silencio, tu energía.

    Aunque la mente racional te diga "Eso es cosa de otros", "No es decente", "No me lo merezco", ...

    Cuando te amas a ti mismo y dejas de obsesionarte por la necesidad de tener a alguien que te quiera, entonces eres capaz de aceptar lo que alguien te ofrece o dejarlo pasar. Amar eleva el espíritu y reconforta el alma.

  •  Reír
    Cuando te ríes o te diviertes tu mente se relaja. Las endorfinas, encefalinas, neuropéptidos, prostaglandinas y otras hormonas producidas por el cerebro y el sistema endocrino llegan al torrente sanguíneo, la vida se nutre porque la felicidad es vida.

    Aunque la mente racional piense "Reír es de bobos", "Pero si lo que yo quiero es llorar", "Es pecaminoso", ...

    Es sabido que los seres más evolucionados en conciencia tienen un gran sentido del humor. Cuando conectas con tu ser superior, además de sentir el gran amor que tiene por ti, es frecuente romper a reír de lo evidente que son todas las señales que te ha ido poniendo a lo largo y extenso de tu vida para que lo encuentres.


    El dolor y el ego (UCDM)

    El dolor nos muestra que el cuerpo es real.

    El dolor exige atención, quitándosela así al Espíritu y centrándola en sí mismo. Su propósito es el mismo que el del placer, pues ambos son medios de otorgar realidad al cuerpo.

    Otra de las cosas que aprendes cuando despiertas en el sueño es que ya no quieres sufrir más, y esto se hace muy fácil cuando ya no quieres convencer a nadie de nada.

    El dolor siempre se produce cuando quieres cambiar algo de tu sueño y para ello empleas el sacrificio. Este sacrificio se convierte a la larga, en dolor emocional y se traduce en síntomas físicos. El sueño se sustenta en la creencia de que la soledad y la separación (de tu Fuente) no solo son posibles, sino reales.

    Entonces el ego te hace vivir en el miedo y tú empiezas a buscar afuera las soluciones a tu soledad. Despertar implica saber que afuera no hay nada que pueda hacerte feliz. Que tu sufrimiento consiste en la creencia de que hay algo afuera que deseas.

    El miedo es el mayor obstáculo para despertar.

    Así el milagro te devuelve la causa del miedo a ti que lo inventaste. Pero también te muestra que, al no tener efectos, no es realmente una causa porque la función de lo causativo es producir efectos.



     


    "- Yo veo al ser que hay en ti. Bienvenido a este espacio." Núria (coach espiritual)